domingo, 24 de julio de 2016

El barbo cabecicorto ( barbus microcephalus)


         Durante mucho tiempo, este pez a pasado desapercibido por estas aguas fluviales, ha sido considerado como barbo común, ha compartido y sigue compartiendo junto a estos, muchos de su habitad, sin embargo, presenta algunas notables diferencias, matices que llamaron mi atención. 


Barbo cabecicorto

Especie emparentada con el barbo común y el comizo. es endémica de los algunos ríos extremeños, conocido también como "barbo de los remansos", más abundante en otro tiempo, actualmente comparte habitad con sus parientes más cercanos, además de carpas y carpines.

De joven es gregario, quizá sea la especie de barbo que más se desplaza en grupo, a medida que va creciendo se vuelve solitario, rehuye de las corrientes fuertes y prefiere las aguas mas remansadas y de escaso movimiento.

Su freza la desarrolla de igual modo que lo hacen los demás barbos, en lugares de limpias aguas y llenos de gravilla en el fondo. Se podía decir. casi a ciencia cierta, tras varios años seguidos que los llevo pescando en los charcos remansados del río Arrago. que su freza, la lleva a cabo mas entrado el mes de Junio cuando las aguas aparecen menos movidas.

Su cabeza es más corta, así como sus barbillones y su aleta dorsal es un poco más larga que otras especies de barbos ibéricos.

Su cuerpo no es tan estilizado como el de sus primos, siendo mas corto de longitud y presenta su panza más pronunciada.

Busca lugares de aguas tranquilas, en ocasiones someros y con abundante vegetación en el fondo apartados de la corriente principal del cauce del río pero siempre, conectados a el.  No suele alcanzar grandes dimensiones, pero su picada es igual de impetuosa que los demás barbos.


 De joven comparte cardúmenes con bogas y cachos, de adulto se vuelve más tranquilo y solitario.las hembras suelen tener la aleta anal mas larga que el macho.

               
Ejemplar de barbo cabecicorto


Hace ya algún tiempo, un experimentado pescador conocedor de la zona, que frecuenta constantemente estos solitarios parajes del río Árrago, me contaba que, días atrás, pasando el puente de la autovía, había llegado a capturar varios ejemplares de este bonito pez que, en ocasiones habían sobrepasado los dos kilos de peso.

 Se trata de una zona reservada a la cría de ganado bravo y que. como me contaba en aquella ocasión, más de una vez había tenido problemas con estos animales en el momento en que bajaban a beber al río.

 Esta claro que representaba un grabe problema el intentar pescar en esta zona, pero varias centenas de metros más arriba, intentando evitar este problema, decidí una mañana del mes de Julio buscarlo en la zona del Puente viejo.

El río aparecía aquella mañana con aguas muy turbias, embarradas con tierra de los vertidos del regadío existente  en la zona.

Con una corriente aparentemente lenta y una mañana que daba ya los primeros indicios de bochornoso día, me acerqué hacia las inmediaciones del charco del Puente viejo.

Pretendía pescar barbos, sabia que allí los había, sin embargo, pretendía buscar alguno de los más grandes, los tímidos y desconfiados cabecicortos.

Este pez es desconfiado y huidizo por naturaleza, por esta razón, al contrario que en otras ocasiones en los que pesco el barbo a la pasada, decidí pescarlos con un largo bajo de línea y con un flotador de 0,50 gramos, pasado de lastre y dejando el bajo de línea arrastrado por el fondo.

El mes de Julio es ideal para tentar al gran barbo que se acerca mucho a las orillas. Durante este periodo, el agua que entra en el río, precedente del regadío, enturbia su cauce, siendo un periodo muy recomendable para utilizar la lombriz como cebo.
                                                                             
                        La lombriz es un cebo muy utilizado para tentar ciprinidos en aguas turbias

Sin embargo, aunque de pequeño este pez suele ser gregario, de mayor se vuelve cómodo y solitario. Raras veces logras capturar varias piezas seguidas.




Sabiendo esto, decidí tentarlos con una caña enchufable,pero esta vez tire de mi fiable "big red" en el puesto de pesca de hoy, puesto que estaba a cierta altura y las ramas de arboles y zahoces, en ocasiones, se adentran en el cauce del río, lo que te da por pensar en raíces y ramas sumergidas que podían poner difícil un forcejeo y extracción del río de un pez de considerable tamaño.

El kit de tres tramos con flexible puntera final, ajustado a la terminación de la enchufables tiene montado un elástico de látex macizo de 1,8 de grosor.

Sobre la linea utilizada, debo decir que su diámetro era  0´16 y la terminación del bajo de linea  albergaba un anzuelo de fino hierro del numero 16,  atado este, a un terminal de 0'13 milímetros.

Un engodo de color verdoso en el que aparecían restos de pan picado o estrujado fino, con olor a mezcla entre sabores de canela y laurel y una porción de café molido para ahuyentar al latoso y siempre insistente  galápago, junto a un puñado de lombrices picadas, iba  a ser la mezcla del día de hoy para atraer a los peces.

La mañana de pesca

Poca era la actividad que se reflejaba en las inmediaciones del tranquilo escenario, alguna que otra carpa boqueaba en la orilla de enfrente y aunque el galápago de momento no se hacia notar, si que lo hacían enormes cangrejos rojos que no cesaban en su empeño de dañar más el cebo,pero lo cierto es que a más de uno, no le fue del todo bien por su empeño en tragárselo hasta las entrañas.


Tras unos minutos la primera de las picadas se hizo notar, un pequeño barbo entraba momentos después en la sacadera, a este, aunque espaciados, le siguieron alguno más de proporciones semejantes, aunque de momento preferían  como cebo el asticot o gusano blanco, algo que inevitablemente, aprovechaban estos rojos e insaciables crustáceos, el cangrejo americano.


 Quizá por esta razón sin pensarlo dos veces volví a usar de cebo la lombriz. Lombrices de tamaño medio, pero con una buena vitalidad, de cosecha propia, de un criadero con no pocos cuidados y constantes controles de humedad y alimento.

Pero como a veces suele ocurrir, de repente como por arte de magia, el puesto se queda por momentos vacío y sin actividad, ya no enredaban los cangrejos, ni el pequeño barbo, ni alguna boga de las existentes en el escenario que tocara el cebo. 

 Una pronunciada picada con algo de parsimonia en el inicio, acabó hundiendo la antena. 
Se trataba de una buena carpa que forcejeó lo que pudo hasta que conseguí meterla en la sacadera.

No era lo que estaba esperando, pero al menos, entraban al cebo animales del tamaño deseado, por momentos, otra arrancada hacia un zaoz de enfrente, acabo llevándose el bajo de línea



La carpa es pez común en estos remansos del bajo Arrago
Cono tenia montado el kit copela, hice un poco de mezcla diferente para mantener el puesto de pesca, se trataba de algo de asticot junto con pan, harina de maíz y tierra de topera tamizada.
Diez minutos después, una rápida picada, tensionando bruscamente el elástico, hacia doblarse la caña  en dirección corriente arriba, por un momento, cree en mi mente la imagen de lo que luego minutos más tarde vería, un  hermoso barbo de hocico corto forcejeaba de un lado al otro del río, sin embargo tras varios minutos llenos de tensión, momentos con sabor a duda y con la adrenalina elevada, conseguía ganarle la primera de las batallas a este bonito cabecicorto que finalmente, entraba agotado en la sacadera.

 La segunda, la ganaba él, tras su foto, sin pasar por el rejón volvía a su vida, ya había demostrado bastante y con este gesto los pescadores deportivos sabemos agradecérselo.

                      


A este pez, al cabo de un rato le siguió otro de idénticas proporciones que cerraba una mañana ya muy calurosa y de bochornoso calor.

Habia conseguido atrapar al barbo que pretendía, aunque con las escasas capturas de él, esta mañana no había conseguido romper la influencia negativa que, bajo mi punto de vista y basándome en muchas jornadas anteriores, ejerce sobre los peces el periodo de la luna llena que asomaba entre los arboles del río.

Volveré a intentarlo, volveremos a buscarlos otros días con diferentes cebos y estilos de pesca, y solo así es posible que volvamos a disfrutar de la pesca de este huidizo y todavía, por estas tierras poco distinguido pez.  Un pez que todavía esta viviendo escondido en su habitad y que por muchas barrera que le pongamos, estará presente en nuestras aguas mientras existan pescadores que le sepan respetar y cuidar de uno de los ciprinidos más endémicos de nuestros ríos, nuestro bonito barbo de los remansos, el barbo cabecicorto.

 Kily.











martes, 31 de mayo de 2016

Pescando en corrientes. Sierra de Gata










Muchos son  los días, por motivos de trabajo, en los que visito todas y cada una de las localidades de la Sierra de Gata que, últimamente, algunos de mis compañeros habituales de pesca, se preguntan el por qué, si al llegar el fin de semana, aun sigo con intenciones de subir de nuevo a sus inmediaciones.

No sé si, es por una extraña magia que rodea de encanto sus ríos, riveras y arroyos o es que la situación del entorno me hace fusionarme entre su naturaleza y disfrutar cada uno de los innumerables y vírgenes rincones. 

Sea como sea, tras varios fines de semana subiendo a pescar empezando a tentar, primero la boga y el cacho y después el barbo entre las aguas de sus riveras, empieza a despertar en mí, una sensación de tranquilidad, bienestar y embrujo hacia estos parajes difícil de explicar.

 Pescar en sus orillas, me ha vuelto a recordar tiempos de mi niñez, cuando pescaba bogas y barbos en las aguas del río Árrago, a su paso cercano a la localidad de La Moheda de Gata.

Aparcando las largas enchufables, las caprichosas inglesas y largas boloñesas en su estantería en la cochera, desenfundo las casi olvidadas fijas y boloñesas cortas del corrido y como no, mi preciada telerregulable, para evitar en muchas ocasiones  el devaneo entre enganches de ramas y helechos de sus orillas, Todo vale si se hace bien y sin prisas, todas desempeñan su segura función.




Detrás de cada corriente, de cada tabla, de cada poza, de cada remanso de sus riveras de salubres aguas, se esconden infinidad de oportunidades que aunque, raras veces aprecias lo que hay bajo su superficie, intuyes que, en cualquier momento la picada del pez buscado va a llegar.





En cada tabla, en cada pequeño remanso, está la deseada oportunidad de que, un entregado pez, efectúe una picada y te haga disfrutar en el momento de su captura y posterior suelta.




Las espumosas aguas de las sostenidas corrientes, acaban  tranquilizándose en los seguidos remansos que albergan todo tipo de especies autóctonas, entre las que se encuentran barbos, bogas, calandinos, cachos y preciosas farios, así como algunas tan sorprendentes como los "escalos", que tuve el placer de capturar en días pasados un bonito ejemplar cuando tentaba el barbo.

                                      El escalo, pez muy escaso y muy poco común en esas aguas



 Una vieja y ya para mí legendaria (ya que fue la primera que tuve), inseparable además caña fija, esta vez, en la foto en acción, a la que le he acoplado un kit enchufable de tres tramos, reforzándole los enchufes y ensambles interiormente para evitar sustos, desempeña una perfecta función en riveras como esta con excesiva arboleda tumbada sobre el cauce del río. En esta ocasión, un gran barbo, la obligaba a hacer la parábola tras su tremenda picada, que acabó minutos después en la sacadera.

 Una simple  V rotatoria enroscada sobre una simple pica, hace las veces de rodillo provisional sin ningún tipo de problema para deslizar hacia atrás la caña.

La utilizo más que nada en cauces muy estrechos, donde el pez está en la corriente, con una corta línea y sin flotador, una simple tirita de bolsa de plástico sobre la línea cercana a la puntera, hace la función de señalizador o marcador de la oblicuidad de la línea en la corriente, si se coloca correctamente delata perfectamente la picada aunque sea de un pequeño pez.

Un pequeño plomo unido este, al emerillón que une el bajo de linea, empujados ambos por la corriente, son los encargados de hacer bajar el cebo hasta el fondo y hacer llegar al pez su comida de la forma más natural posible.

Río abajo

La situación cambia totalmente cuando lo que se pretende es buscar al pez a lo largo del cauce del río, aquí, el factor sorpresa es decisivo, lo importante más que nada es no hacerse notar.

Pescando río abajo la situación es diferente, las cañas son de corrido y casi siempre van provistas de carrete, siendo las más recomendables para estos tramos entre cuatro y seis metros, aunque sin lugar a dudas. la mejor adaptada a este medio es la boloñesa telerregulable, pues nos da la opción de adaptarla a la longitud deseada en cuestión de segundos. Esta caña está montada con unos anillos elásticos de tensión, presionando debidamente unos tramos con otros, evitándoles con ello su desplazamiento.


Caña boloñesa de secciones telerregulables

En estas aguas, cualquier especie de pez, si se pesca con anzuelos no demasiado grandes, puede entrar a nuestro cebo, La oportunista trucha de fario, en ocasiones nos recuerda que siempre está ahí, aunque no se note, picando sobre todo en las primeras horas de la mañana.



 La bonita boga del Tajo, cuenta con un gran número de ejemplares en estas aguas, y entra a casi todos los cebos de origen animal, tampoco despreciando el pan francés o la simple miga de pan.


Algunas capturas del día, devueltas al agua nada más ser fotografiadas.

Precioso nasón, cercano al medio kilo de peso, es sorprendido en una somera corriente.

En estos espacios naturales donde el pez, lo nota todo, lo ve y siente, es muy difícil pescarlos dada la claridad de sus aguas y el reto, precisamente esta en ello, en sacar al menos una jornada de pesca cuanto menos provechosa, aquí las certezas son pocas y los cambios en acción de pesca continuos.

 Toda técnica vale si se hace bien, lo de menos es la cantidad y estos cauces te dan rienda suelta a la imaginación y al desarrollo de llevar a cabo la jornada de pesca. Miras el entorno y te das cuenta de los mucho matices a los que les puedes sacar provecho.

Un simple  trozo de rama que flota de unos centímetros, unida a nuestra linea, hace la función de transportar nuestro cebo y señalar a la vez la posición  por donde esta pasando en la corriente, siempre encaminado este, hacia el escondrijo de la astuta trucha. Esto es algo que, no le hace desconfiar tanto a la hora de picar, esta acostumbrada a verlo a diario flotar en el río y no se asustará tanto como si usamos una colorida y técnica boya.

 Si la corriente es sostenida uso como flotador, las bogallas de los robles, al natural, perforadas en su interior y con una pequeña antena y sin más retoque que un barnizado mate, que no difiera mucho de su aspecto natural.

Un pequeño trozo de tira de plástico pasa casi invisible, atado a nuestra línea, si no toca el agua en la pesca al tiento.

En una corriente lenta, pescando sin lastre alguno, un trozo de tallo seco de gamonita, perfectamente lacado, hace de señalizador a paso de linea.



                                                                         Pescando al tiento

Es otra forma de vivir la pesca, es poner en practica nuevas ideas, desarrollarla sin ningún seguimiento fijo o continuado, la improvisación es la formula, exponiendo conocimientos y tu personal experiencia. El río se muestra ante ti, si lo escuchas y observas, acabarás conociéndolo, aprendiendo de él, no hay un claro párrafo que lo explique, solo un propio y personal instinto unido a un labrado sentido del agua.

Pesca en corrientes en uno de los tramos del alto Árrago

La buscada imagen de un hermoso pez capturado en la corriente es premio más que suficiente para sentirse a gusto con el trabajo bien hecho y con ganas de seguir aprendiendo de sus aguas. 

viernes, 20 de mayo de 2016

El barbo - La cuna del barbo


Sierra de Gata, naturaleza viva, tierra de leyendas, tradiciones y costumbres, tierra de encanto y sueños.

Muchos de nosotros, serragatinos orgullosos de nuestro entorno, tesoro natural que nos regala esta tierra, que cada vez que la mirábamos, el pasado mes de Agosto, bajábamos la mirada al ver que, tras el desbastador incendio, algo dentro de cada uno de nosotros, rabiosos e impotentes por la situación, se nos perdía.

Mas de 8200 de hectáreas de bosque y pinares y monte bajo se quemaban, dejando un paisaje desolador, nadie, ni incluso los más optimistas podía ver mas allá de su entonces, manto de cenizas y oscuro paisaje.

Sin embargo, la naturaleza es un ecosistema y como tal, de ahí que se la tilde de "sabia", porque en la mayoría de los casos, tiende a equilibrarse por si sola.  Tras un triste Otoño para ella, llega el invierno que, aunque muy suave, da los primeros indicios de lluvia, limpiando sus laderas tras la tala de su quemada arboleda. 

Entrada la primavera con abundantes precipitaciones, la sierra poco a poco va encaminada a su natural recuperación, sus arroyos y ríos se llenan de rebosante agua y los sotos y alamedas de sus riveras consiguieron sobrevivir al fuego y presentan hoy un agradable  y vistoso colorido.

El ciclo de la vida sigue y, entre las aguas de sus riveras, se va a desarrollar uno de los acontecimientos más atractivos y bonitos que nos brinda la primavera en un río, la subida del que para mí, es el más lindo de los ciprínidos, el gran "cíprido", el barbo, en el ciclo de su freza.




Tentando barbos en una corriente sostenida

El Barbo

El barbo es un pez que pertenece a la familia de los ciprínidos y es junto con la boga el cacho, uno de los ciprínidos más representativos y endémicos de las cuencas de los ríos de la vertiente Atlántica, aunque está representado en la mayoría de los ríos de la península Ibérica.

 Es un animal enérgico, poderoso y ágil a pesar de su tamaño. Su cuerpo es alargado y casi cilíndrico. Su dorso es color entre negro y verde oliva, sus aletas dorsales y caudales son oscuras y predominan los tono rojizos, la anal y la ventral muestran tonos más claros e incluso, amarillentos. Su vientre suele ser entre amarillento y blanco, (dependiendo de su hábitat) y su cola es fuerte y poderosa, en las hembras en su parte inferior es más amarillenta.

En la península Ibérica existen varias (y todavía discutidas y no muy exactas) variedades de barbo, el más generalizado es el  barbo común,  (Barbus barbus) comparte hábitat con el  barbo comizo,(Barbus comiza) en ocasiones dando lugar a hibridismos. El barbo gitano, propio de los ríos del sur de la península (Barbus esclateri) de color mas oscuro y de vientre amarillento, el barbo cabecicorto (Barbus  microcephalus) y el pequeño barbo de montaña.(Barbus meridionalis) entre algunas de sus variedades.


Barbo común


Barbo comizo


 En este artículo, los vamos a buscar, los vamos a seguir y observar, vamos a intentar disfrutar de su pesca, del ímpetu de su picada, su fuerza y energía, de ese precioso animal que, tras su picada, hace temblar la mejor de las cañas y dudar de la resistencia de nuestros aparejos. Causante de la subida de  adrenalina que aun sabiéndolo, nos produce ese tirón repentino tras su picada, que nadie sabe de donde vino, ni nadie se imagina nunca a ciencia cierta, como acabará.

Durante estos días que dura su freza, el pez se muestra paciente y entregado a su causa, ignorando en muchos de los momentos del día lo que ocurre cerca de él, en muchos aspectos, está viviendo ahora, su época anual más vulnerable.

Si somos conscientes de ello, disfrutaremos con su pesca en los tramos donde se encuentra, pero sin olvidar que debemos respetar su proceso de reproducción, de ello, va a depender el nacimiento de miles de alevines.



,

En su época de freza, remonta los ríos hacia sus zonas más altas y buscando especialmente suelos de grava, es una especie de migración natural. Durante este tiempo, el macho presenta una especie de gránulos sobre su hocico, son los denominados tubérculos nupciales, estos llegan a su madurez sexual a partir de los dos años, midiendo alrededor de 10 cm. 

Por otro lado, la hembra lo hace a partir de los cuatro años y con casi el doble de talla que el macho. Es la encargada de hacer una especie de nido entre la grava del fondo de lo que se ayuda con su cola donde deposita allí sus huevas. Una hembra adulta puede poner entre 10000 y más de 20000 huevas que tardan en desarrollarse dependiendo de la temperatura del agua algo más de una semana.

Al nacer los alevines, estos se desarrollan rápidamente llegando en un año a alcanzar los 10 cm de longitud, de joven, este pez, tiene un comportamiento gregario siempre va en grupo, llegando a la madurez, a partir de los dos años se muestra solitario y tranquilo, a veces aletargado durante largo tiempo en el fondo.

Su alimentación es muy variada, pasando por insectos, saltamontes, caracoles, lombrices y sobre todo larvas y gusanos que encuentra buscando con su hocico prominente  bajo las piedras e incluso también, se alimenta de algas, semillas y frutas.

 Cuando alcanza un gran tamaño, incluso se vuelve predador de otras especies y su crecimiento está condicionado por la temperatura del agua y el alimento.  

Su longevidad en un hábitat natural puede llegar a los 12 o 14 años y se han llegado a capturar ejemplares de más de 15 kilos.

Su pesca.

Existen muchas formas de tentarlo en corriente, pero la que a mí personalmente me gusta, es la pesca con pequeñas boyas y si la corriente es muy sostenida, para retener más el cebo en ella, es la pesca al tiento, llevándola a cabo con un pequeño plomo que recorre el lecho de la corriente reteniéndolo a intervalos regulares.

Para adaptarme a una u otra situación dependiendo si pesco en corrientes o en remanso con un señalizador de línea o con una pequeña boya esférica suelo usar unos pequeños trozos de elástico de silicona que me hacen de sujeción en la parte superior e inferior del señalizador y en la pequeña boya  bajándolo hasta la base de la antena y en la corta quilla de esta.


Señalizador de línea y boya de corriente


Algunas pequeñas boyas usadas en las tablas y corrientes



 Hugo pescando en el "Charco de las señoritas"


              Estas limpias aguas están pobladas de barbos durante estos días de mediados de Mayo



Tras su picada, corriente arriba, el barbo hace dudar en muchas ocasiones sobre quien ganará la batalla una vez clavado en el anzuelo, si nuestro montaje de aparejo aguantará e incluso de la solidez y resistencia de algunas de nuestras cañas.


 

Tras la corriente, aparece metros más abajo el remanso, lugares idóneos para tentar al barbo.
Tras unos días de lluvia el agua baja  turbia, es el momento ideal para tentarlos con la lombriz, a medida que va clareando la larva de moscarda, (asticot) da muy buenos resultados.


No deja de sorprendernos la picada de alguna que otra trucha que sin pensárselo dos veces entra a nuestro cebo.



 Uno de mis cebos preferidos para corriente son las larvas de efímeras, que con aguas claras, son un cebo predilecto para cualquiera de los ciprínidos que remontan en primavera nuestros ríos y riveras.




Tras la espuma que produce las aguas en corriente aparece por un momento el hermoso pez después de una dura batalla de forcejeo que tranquilamente,
descansó aquí unos segundos, los suficientes para  darme tiempo a fotografiarlo.

Seguidamente, este ágil y nato luchador, volvió al sitio donde debe estar, corriente arriba para continuar en aquella rivera con su ciclo. 






Todos y cada uno de los peces fueron devueltos al agua sin necesidad de su paso por el rejón, durante el ciclo de la freza, este pez debe ser cuidado y mimado y ya que nos da la oportunidad  de sentirle tan cerca y disfrutar con sus picadas, debemos ser respetuosos con él y con su futura descendencia, quizá vuelva a darnos el año que viene iguales o mejores satisfacciones, "no somos nadie" para decidir y acabar con su derecho a vivir donde realmente debe estar.












                                                                       

Es uno de los ciprínidos a los que más admiración les tengo y, que por suerte hoy, aún en muchos lugares nos deja unas bellas estampas con sus remontes en nuestras riveras y ríos y disfrutamos a su paso viéndolos en las tablas de muchos de nuestros cauces, en sus ciclos nupciales, en su ciclos de reproducción y es obligación de todos y cada uno de nosotros de que esto, por mucho tiempo tiene aun que seguir así por que esto es su cuna, "la cuna del barbo ".

miércoles, 27 de abril de 2016

Pescando aguas abajo


 Con una primavera lluviosa como la que hemos tenido este año, con los primeros días soleados, en muchos de los rincones de la Sierra de Gata, se pueden ver bonitas estampas primaverales para poder disfrutar de su rico entorno natural.

Cualquiera de sus pequeños arroyos descargan en sus riveras una gran cantidad de agua, suficiente para que, su cauce, vaya rebosante de alimento y vida para muchas especies piscícolas,

Este, es el inicio de una estación en la que, la actividad de los peces aumenta. Durante este tiempo y después de un largo invierno, necesitan reponer fuerzas y comienza el ciclo anual para la mayoría de ellos, en el que, empieza su época de reproducción, su época de freza.

Los primeros ciprínidos se muestran muy activos con los primeros días soleados, es el caso de la boga y el calandino.  La trucha sale de su escondrijo y, aunque camuflada en las pequeñas pozas de la rivera, busca la oportunidad de conseguir el alimento. Y el precioso barbo, pastorea ya, cercano a la desembocadura de las riveras, esperando su cercano y pronto remonte. 

 Sea como sea, solo mirar detenidamente el sonido de sus aguas movidas, te da por pensar en las cantidad de oportunidades que, en ese momento, el río, está de modo natural, ofreciendo al pescador bajo ellas.


 En estas riveras, sus aguas son a menudo cristalinas, sus corrientes sostenidas y cualquier mínimo error, por mínimo que sea, va  a delatar nuestra presencia al astuto pez, que percibe, por medio de sus muchos sensores cualquier  mínima señal cercana al río y sus inmediaciones.
Quizá, uno de los mayores problemas en esta somera corriente sea el gran empuje de la sus aguas y la escasa profundidad, añadido esto a la extrema riqueza de sentidos que posee este intuitivo y esquivo animal en su medio.

Cualquier medio, sombra u objeto colorido que baja aguas abajo, que pueda llevar la corriente, posiblemente delatara su desconfianza para tomar el cebo y asociara su presencia a un seguro peligro.

 Esta pesca que se realiza en corrientes, es distinta, bonita y grata cuando existe actividad de peces, cuando no muestran su desgano, pero difícil de entender y realizar hasta que no sabes "leer el río".
Es algo que conocen muy bien los veteranos y experimentados trucheros.

La corriente del río y su cauce, te delatan en todo momento la mayoría de las irregularidades que se presentan en el lecho del río por el que baja su caudal, solo hay que saber leerlas y formarse una imagen mental de las zonas en las que, según la estación, temperatura y caudal pueden estar en cada momento los peces.

Siempre que me acerco a una determinada zona a pescar, ya sea río, rivera o pantano, me gusta antes de nada preguntar y sobre todo escuchar a experimentados pescadores del entorno, sin intención de conocer sus trucos de pesca pero sí, aprender un poco de sus experiencias y, siempre llego a la clara conclusión de que, de todo se aprende y sobre todo, de este tipo de pescador que va al río con lo puesto y con su clara idea de no probar más que lo que conoce. Su espíritu de conexión con el río es tal, que le busca las formas y maneras de desarrollar y realizar lo que lleva años haciendo, o lo que es lo mismo, en lo que cree, en su instinto de observación, su sentido del agua y lo más importante, su confianza en si mismo.

  Estos son valores que muchos conocen y diferencian a un autentico pescador, de uno construido y siempre he sido de un claro pensar en este tema, si eres capaz de creer en lo que haces, desarrollar la pesca de una manera propia y con las suficientes ganas y llevando a cabo tus propias ideas sobre lo que realizas, a parte de los muchos calificativos personales que se le podamos añadir, cada uno de nosotros, este deporte es, una filosofía de vida.

La pesca en corrientes.

Esta vez, mi toque personal en estas riveras está relacionado con sus señalizadores o delatadores de picada, sus boyas o flotadores, fabricados de una manera artesanal, sin coloridos ni reflectantes sin grandes acabados, solo unas capas de tapaporos y barniz final para evitar por completo las cargas de agua.

Evitándoles incluso hasta las antenas llamativas y las quillas largas, añadiéndoles unas más cortas, en ocasiones de metal para mejor posicionamiento en corrientes agitadas y con la particularidad de cambiarlos en un momento sin necesidad de desarmar parte del aparejo.

Flotadores que desatarían la risa de más de uno, pero que seguro que, ya algunos, entiendan claramente la razón de su porqué.

 Y, en este tema, esta, es hoy, mi versión personal.

Flotadores de corcho para corrientes

El día de pesca

En el día de hoy me acompañan mi hijo Pablo, y como no, Antonio. Nuestra intención es pasar la mañana en la Rivera. La boga empieza a desplazarse aguas arriba buscando sus lugares de freza y es buen momento para tentar a estos escurridizos ciprínidos.

Las agitadas y turbias aguas después de las lluvias del día de ayer en las que nos encontramos hoy,  no nos dejan apreciar  nada de lo que ocurre en el fondo del lecho del río, aunque de suponer es que peces debe de haber ya que, esta parte del río, presentaba una preciosa corriente  hoy con excesivo empuje.

 Las cañas a utilizar serían boloñesas y cañas fijas con elástico interior por si nos aparecía en el escenario, algún buen ejemplar de barbo común, que mirando detenidamente el caudal que llevaba la rivera no seria de extrañar.

De cebo, en la mañana de hoy, íbamos a utilizar, larvas de efímeras (gusarapas), lombrices y larvas de moscarda (asticot) y cáster.

El pez buscado, sin lugar a dudas era la boga, la boga del Tajo y claro está, este pez comparte hábitat con otros ciprinidos en este río, como son el calandino, el cacho y el barbo y entre sus más escondidas pozas y rocas salientes, al aguardo, siempre se encuentran algunas de las escurridizas truchas de esta rivera.


La boga, pez muy común en estas limpias y claras aguas


Encontrándonos con un elevado empuje de corriente que desplazaban nuestros aparejos a una gran velocidad río abajo, hubo que hacerles a nuestros montajes unas modificaciones y ajustes de emplomadura, siempre dirigidas hacia la parte del anzuelo para ganarle esos metros a la corriente que necesitábamos para conseguir que, nuestro cebo llegara abajo al fondo lo antes posible y ganarle a la corriente esos metros tan necesarios para un rápido y correcto posicionamiento.

Como ya dije en un articulo anterior, dada la calidad de las aguas de esta rivera, aun conserva algunos de los peces autóctonos que siempre poblaron sus aguas, es el caso de la trucha de fario, es este un pez que aún goza de un buen número de ejemplares todavía en estas aguas y aunque prohibida su pesca en ella, no dejan de entrar a nuestro cebo alguna que otra que, deben ser devueltas al agua nada más ser capturadas.



 No es extraño en esta ribera la captura de alguna temprana trucha, esta fue la primera captura de la mañana.

 Utilizando flotadores de no más de 0,70 gramos, en unas aguas tan movidas, el control del flotador, con unas banderas tan largas sobre las punteras de las cañas, ya sea boloñesas o fijas telescópicas, dada la complejidad del escenario, no resulta tarea fácil, sin embargo, la constancia, unida a una extrema paciencia tensionando en cada uno de los corridos, al final, acabó, dando sus frutos.

Pesca a pulso, pescando al corrido, ajustando las pasadas una corriente variante y con irregular fondo, hoy con el agua algo turbia, haciendo en cada una de ellas una imagen mental e intentando no confundirse con los repentinos anclajes en el lecho de las confusas falsas picadas, iban  saliendo bonitos peces que nos iban introduciendo cada vez más en el encanto de una placentera mañana en las aguas de la rivera  de Acebo.




               Antonio, acercando hacia la orilla un buen ejemplar de barbo clavado en su anzuelo.





Antonio y Pablo con un par de bonitos ejemplares de barbo común


Al final de la mañana, las capturas, sobre la fresca hierba durante unos segundos, nos ofrecían una agradable visión del trabajo bien hecho. Grandes bogas del Tajo y algunos barbos que rondaban el kilo de peso, entraron a nuestro reclamo, que aunque estos, están a punto de empezar su ciclo, en estas aguas aún frías, intentaremos tentarlos en una próxima jornada que, esperemos nos brinde esas bonitas satisfacciones que nos ofrece con sus carreras corriente arriba tras su picada, tan majestuoso animal.

 Pero eso, queremos volver a intentarlo y será para una jornada que estamos deseando ya vivirla, experimentarla y si podemos, también relatar.  

lunes, 18 de abril de 2016

La boga del Tajo - La Rivera de Acebo

 Polylepis chondrostroma  o boga del Tajo





Este bonito ciprinido es endémico de la cuencas del Tajo. Es una de las seis especies de boga que se encuentran actualmente en nuestro país.

 En la parte occidental de la península se encuentran tres de ellas, la boga del Duero, (chondrostroma dauriense), la boga del Guadiana (chondostroma willcommii) y claro está, la boga del Tajo (chondrostoma polylepis),

Las otras tres especies están expandidas por el cuadrante nort-oriental todas ellas relacionadas con la chondrostroma toxostoma que vive en los Pirineos, estas son: la Madrilla (chondrostroma miegii), cuencas de la vertiente cantábrica, la Madrija chondorstroma turiense ) propia del Turia y la Loina chondrostroma arrigonis) de la cuenca del Jucar.


Es un precioso pez, perteneciente a la familia de los ciprinidos, de cuerpo alargado, sus flancos , plateados están  recubiertos de muchas y pequeñas escamas, tiene una fuerte cola y unas aletas dorsales y ventrales bien desarrolladas, tiene un hocico prominente y bajo él, en su parte más inferior, está su abertura bucal.

Su cuerpo, estilado y a pesar de su tamaño es musculoso y vigoroso, sus movimientos son nerviosos y ágiles, es por ello uno de los ciprínidos más perfectos y mejor adaptados para superar obstáculos en el remonte de ríos y arroyos.

La hembra de boga alcanza su madurez sexual a partir de los dos o tres años. Sus puestas suelen oscilar entre cantidades de 1000 a 7000 huevas según los expertos y su longevidad, dependiendo de la temperatura del agua, pude llegar cercana a los diez años.

 Se adapta perfectamente a los embalses siempre y cuando, sus aguas estén bien oxigenadas tengan unos ríos tributarios para poder remontar en su época de freza,



Su talla varía mucho según su hábitat, he llegado a capturar ejemplares de más de 40 cm de largo y de peso superior a los 500 gramos en la represa del embalse de Borbollón, conocidos estos, comúnmente como nasones o en ocasiones, erróneamente llamados bogas de cieno.

 Su comportamiento, suele ser gregario, sobre todo en la época de freza. Los individuos más grandes  de esta especie de boga del Tajo, llegan a convivir perfectamente con otros ciprinidos con el barbo e incluso en muchas ocasiones, ejemplares de las dos especies comparten el mismo grupo, conviviendo  y desplazándose juntos.



 Tentando la boga en la rivera de Acebo

He oído decir a experimentados pescadores de este ciprínido que, detrás de un buen grupo de bogas siempre hay más de un gran barbo, que se mueven a su alrededor, como pastores que cuidan de su rebaño.

Después de unos años en que, este ciprínido ha sufrido una autentica recesión, tanto por las barreras humanas como la destrucción de parte de su hábitat, así como por la penosa introducción sin control de especies invasoras, actualmente, la concienciación de una gran parte de pescadores deportivos por mantener este pez autóctono todavía en ciertos lugares vírgenes, ríos y riveras en la Sierra de Gata. Por suerte, de unos años acá, está viviendo un ligero repunte su población.

Pero para disfrutar de su  pesca, qué mejor que, vivirla en su estado más autentico, puro y deportivo.
que no es sino más que, buscarla en las bonitas y todavía puras riveras de la Sierra de Gata.



Tramos de agitadas corrientes son muy comunes en la parte alta de esta Rivera

En sus claras y cristalinas aguas, en los remansos arenosos y de gravilla se encuentran estos ciprínidos remontando las claras aguas acompañadas de barbos y algunas truchas.

Había oído en muchas ocasiones de las grandes bogas que remontan algunas de sus riveras, pero en especial había una que destacaba por el tamaño de estos peces, esta es la Rivera de Acebo.

 Más de un andarrío rivereño se mostraba algo distante cuando se le preguntaba por ello, sin embargo, mi trabajo en la zona me daba una cierta posición fiable al frecuentar estos tramos.



Quería pasar unos días pescando estos bonitos peces y conocer sus naturales tablas de puesta y aunque había oído hablar de algunos de los sitios preferidos por ellas, pensé que mejor conocerlos de la mano de uno de los mejores y más intuitivos pescadores de sus riveras, que tras algunas tardes coincidiendo con él, en una de sus zonas preferidas cercanas al puente, enseguida pude ver que sabía de sobra lo que hacia, este es Antonio,


Coincidíamos en muchas cosas, pero además de ser un experimentado pescador de corrientes, como pude comprobar, en más de una ocasión,viendo la inactividad que tienen los peces por momentos a lo largo del día, le vi meterse en el río, descalzo, aguas abajo, en busca de cebo natural, cebo del mismo río.


Eran larvas y gusarapas que viven en estas aguas, la fuente natural de alimento que buscan nuestras deseadas bogas.




Sus cristalinas aguas son un claro impedimento para el pescador

En aguas tan claras, con tanta fuerza en la corriente y pescando con un flotador que no sobrepasa los 0.50 de gramaje, a simple vista no parece tarea fácil, 

Sin embargo, en estas aguas tan movidas, con agitadas corrientes estos experimentados pescadores saben desempeñar bien su cometido pescando en ellas.

El empuje de la corriente es tal, que a veces incluso me da la impresión que el clavado es tan difícil que, con esa rápida pasada de cada flotador, el pez tiene un cortísimo espacio de tiempo para efectuar una  correcta picada y que claro en esta, muchas veces el clavado es infructuoso.

 Sin embargo, esta lección la tiene bien aprendida Antonio, que, como pude comprobar, sentado a su lado y observando su tarde de pesca, dejaba patente sus cualidades como pescador.

 Su extrema paciencia buscando sin parar peces a lo largo de la corriente, en esta ocasión  aunque estos peces, eran de un tamaño considerable, sus débiles picadas, a la velocidad que bajaba el flotador corriente abajo, le hacían tener en todo momento un exaustivo control sobre la línea y el pequeño flotador.             

  Usando una caña fija de ocho metros, sentado en una pequeñas silla plegable, que usaba por momentos, debido a una lesión en su pierna por un reciente accidente laboral, aún no recuperado del todo, buscaba las bogas a lo largo de la corriente.

Su flotador era viejo, desgastado, poco vistoso, casi sin color, incluso hasta su entena parecía de color amarillo pálido, pero cierto es que, era por una clara razón, este debería pasar lo más desapercibido posible en la corriente.      En repetidas ocasiones me decía que echaba de menos el poder utilizar las larvas de efímeras o las gusarapas, que este año no había podido cogerlas porque desconocía donde podía haberlas este año, es el cebo  privilegiado de la boga en esta época del año y es cierto que en las cercanías a esta rivera, por alguna extraña razón aun están muy pequeñas y en la primera fase evolutiva de esta efímera.   Sin embargo esto, para mí, no era tarea difícil, en la otra vertiente de la sierra, desde finales del mes de  Enero  se pueden coger del tamaño justo para usarlas como cebo. Aún así y todo, usando de cebo un puñado de larvas  pasadas que a duras penas sobrevivían, consiguió, un buen número de ejemplares de boga, de este bonito pez, la boga del Tajo, que, aunque no eran hoy de excesivo tamaño, nos hicieron, con sus desconfiadas picadas, pasar una agradable tarde de pesca.
                                                                                                    Antonio con un buen puñado de bogas

Aquella tarde, junto a Antonio, disfrute viéndole pescar, de su compañía y su conversación y pendiente tenemos, el poder usar juntos las efímeras pero eso, eso será en un próximo encuentro en la rivera que tanto conoce y tiene pescado, la rivera de Acebo.

Kily