Volviendo la vista años atrás, recordando anécdotas de mi niñez en el mundo de la pesca, hay algunas cosas, vivencias que se me han quedado grabadas de ese tiempo. En ocasiones, acompañaba a mi abuelo en sus días de pesca y cada día que pasaba junto a él, me iba metiendo en un mundillo que cada vez más me apasionaba y aquel hombre, apodado "el tío portugués"era cada vez más consciente de ello.
Tenía su propia forma de entender la pesca y, a su lado su nieto, iba captando cada vez más sus ideas, siempre atento a todo lo que hacia.
Le encantaba pescar el barbo, la pesca de la ova o "zajova" como él la llamaba, la pesca a fondo con la gusarapa, el cabezón y la hormiga alada eran sus preferidas, aunque tampoco despreciaba el tentar una bonita corriente llena de bogas, usando sus legendarias boyas de cuerpoespín que se llamaban, usando como cebo, el pan, su preciada miga de pan.
Decía que no hay pez al que no le gustara comer el pan, de hecho, él lo utilizaba en numerosas ocasiones tanto en corriente como en los remansos del río Árrago.
Una de estas cosas que recuerdo es precisamente, su forma de hacerlo. Solía machacar en un baño o cubo de aquellos de "zinc" los trozos de pan duro sobrante y por la tarde, solía añadirle agua hasta que consideraba oportuno, después de un tiempo lo escurría. Seguidamente, lo metía en un saco de aquellos de red y lo dejaba colgado para que perdiera parte de su agua.

Pan amollecido
Antes de caer el sol, cogía su vieja bicicleta BH, bicicleta que con los años heredé, y montaba a su nieto en el portamaletas; y en el manillar, echaba en un saco de plástico, el pan humedecido que había metido en el saco de red anteriormente.
Al caer la tarde, llegábamos por un enramado y largo camino al río, sentaba a su nieto sobre un lugar privilegiado y se metía en la corriente. Buscaba una corriente somera que fuera a morir en una tabla extensa de río y, una vez encontrado el sitio idóneo, sacaba del saco de plástico, el saco de red lleno de pan amollecido.
Este saco de alimento, lo ataba a nudo, lo aplastaba y lo metía bajo el agua. Le añadía unas piedras en su interior y lo tapaba con unas ramas y hojas en plena corriente.
Este saco, usado seguro, en más de una ocasión, tenía unos agujeros en su red hechos a propósito y en la noche, iba a ser una segura fuente de alimento para los peces en toda la tabla de agua que seguía a la corriente.
Algunas mañanas, en contra de su voluntad, me llevaba con él y el espectáculo de pesca, era digno de mención. La tabla llena de peces que habían acudido al reclamo, preciosas bogas, bocachos (cachos) y buenos barbos entraban al cebo de la miga pan, hundiendo una y otra vez la artesana boya de pluma de pavo o de cuerpoespín que por entonces usaba, arrastrada por la corriente.
No abusaba de ello, solo cogía los propios para un buen·"moje" o "escabeche" que entonces se hacía.
En aquel tiempo, no me parecía esta acción ningún estrago el hacerlo, ya que, ciertamente, las necesidades eran muchas y las sobras más bien pocas y ya entonces, sabia sus tallas y su marca, devolviendo al agua, cualquier pez, si consideraba que no daba lo que entonces se decía "la marca".
Solo le cogía al río lo que necesitaba, aunque sus ideas de conformismo, en más de una ocasión fueran criticadas, sin embargo, para alguien, iban a ser ya un referente que, sin darse cuenta le iba a servir de guía en su vida para el estudio, seguimiento, valoración y respeto de este ser vivo llamado pez.
Uno de los tramos de la Rivera
Teniendo en cuentas días de pesca como los de aquellos entonces, un día del mes de Enero en el que había habido anteriormente unas abundantes precipitaciones, me acerque a la Rivera de Gata.
Este río tiene bonitas y amplias orillas y su remanso provocado por la retención del pareón, haciendo una extensa tabla que, en su parte más alta, aún sigue teniendo un buen empuje de corriente.
Mi intención era pescar en estas aguas movidas y con bastante tiro de corriente, la caña elegida para el día de hoy es la Roubaisinne o caña enchufable.
.
La rivera venía crecida y el agua, empezaba a clarear, esta situación parecía propicia para lo que intentaba hacer, tentar los peces en la corriente y atraerlos a base de un cebado muy tradicional,cuya composición iba a ser de base, pan con algún añadido.
La mezcla
Siguiendo la tradicional manera de amollecido y escurrido del pan como lo hacia mi abuelo, por la noche le añadí un poco de galleta picada para que se "tomara" en su olor, dejando diez minutos mezclados.
Una vez hecho esto, le añado a la mezcla húmeda, unos pellet de pulpa de remolacha y de pienso de aves, removiéndolo todo bien durante un par de minutos, todo esto utilizando unos guantes de latex, para que no se impregne en esta mezcla ningún tipo de olor y el pez, detecte manipulación humana,en el cebado, intentando que, con estos nuevos ingredientes quede todo bien mezclado y lo dejo reposar durante toda la noche.

Mezcla lista para ser mezclada.
Por la mañana al llegar al río, compruebo la mezcla. Si las partes están debidamente bien mezcladas, solo hay que pasar la mezcla por el tamiz y dejarla a gusto de humedad y textura para lo que utilizaremos el pan o en caso contrario, para dispersarla mezcla, harina de maíz muy fina.
Una vez hecho este paso, le añado un puñado de larvas de gusano. Algunas de ellas, hoy ya hechas cáster, estas últimas, estaban previamente metidas en un recipiente con agua durante toda la noche.
El siguiente proceso es hacer las bolas de engodo, que como voy a pescar en corriente, las aplano lateralmente para que, la corriente me las ruede lo menos posible y no me las saque muy lejos de su inicial zona de cebado.
Los flotadores para corrientes
Su finalidad en su uso está muy clara, ofrecer el mínima resistencia a la corriente y con ello ganar sensibilidad y funcionalidad, lastrando menos peso en la linea y por consiguiente hacer un aparejo más ligero.

De no ser así, el flotador giraría sobre si mismo, delatando una incorrecta acción de pesca.
En ocasiones, si la corriente es muy sostenida, se le añade incluso un pequeño plomo de lágrima a unos centímetros del bajo de línea para estabilizarlo correctamente en el suelo.
El flotador del día de hoy
Partiendo de la base de que, lo más aerodinámico que existe, es el ala de un avión, pensé en aplicar esta forma para intentar ofrecer, la mínima resistencia a la corriente del río e hice un flotador frontalmente muy similar.
Flotador en posicionamiento perfecto esperando delatar la esperada picada
Para el uso de estos flotadores en corriente, me gusta alargarle la bandera de 15 a 20 cm más larga de lo que habitualmente uso con otras líneas montadas con flotadores convencionales, la razón es por que, en ocasiones, si la corriente es muy fuerte, conviene meterle la puntera bajo el agua a la caña unos cm para ayudar a un mejor posicionamiento de este.
Hecho todo esto, me puse a cebar el puesto, el cebador de copela aquí juega un papel importante y el cebado es conveniente descargarlo unos metros río arriba de la que, se pretende ser zona de pesca.
Si el agua está lo suficiente mente clara, podemos ver la trayectoria de las bolas de engodo y hacer una imagen mental de lo que tarda en llegar al suelo, relacionando la fuerza de la corriente con la profundidad existente en el puesto y el peso y volumen de la bola de cebado.
La mezcla de hoy, lleva larvas incorporadas, algo que facilitará su apertura y dispersión de sus ingredientes en el fondo del puesto.
Y como pude comprobar el pan, minutos después, no me defraudo en absoluto, eso sí, lo de hoy no eran bogas, tan solo un bonito barbo entro al cebo, por extraño que parezca, la carpa y el carpín, peces normalmente de aguas quietas, en el día de hoy también entraron al reclamo.
Algunos peces eran de notables dimensiones, el cebado había resultado efectivo, el flotador artesanal de corriente seguía trabajando correctamente y, quizá lo más importante, mis ganas de pisar de nuevo la Rivera de Gata habían empezado de nuevo, grandes recuerdos me llegan también a mi mente de días pasados pescando con muchos antiguos compañeros en ella, ahora intentaremos disfrutar del momento, por que aunque el tiempo pasa, su encanto continua vivo en cada jornada de pesca en sus largas y bonitas orillas.
Volveremos a su llamada, escuchándola quienes mejor la conocen, sus nómadas sus rivereños.